Chef Arturo Ignacio,
Mi pasión por la cocina empezó muy temprano — siempre la he asociado con comunión, con compartir. Tengo recuerdos muy claros de mi abuela y mi madre cocinando para cumpleaños, Navidades y Reyes. Son memorias que me marcaron. Desde ahí supe que la gastronomía era lo mío.
Siempre me ha apasionado fusionar sabores y culturas distintas. Hoy mi meta es dar a conocer la gastronomía puertorriqueña al mundo — honesta, sin complejos. La música ya le dio a Puerto Rico una voz global; quiero que la cocina haga lo mismo.
Empecé como muchos: en la cocina de mi casa. Después vino la universidad — un bachillerato (licenciatura, como le llaman en España) en Artes Culinarias. Mientras estudiaba, también trabajaba, y así fui pasando por restaurantes cada vez más exigentes, siempre en la isla. En 2020 abrí mi propio proyecto de pasta artesanal, con una máquina de bronce y molienda italiana — poco común en el mercado local. Cuando llegó la pandemia, cambié el enfoque: cociné menús más saludables y los entregaba a domicilio para quienes lo necesitaban. También empecé a hacer cenas privadas, para espacios más íntimos.
Seguí sumando experiencia como ayudante de cocina en distintos restaurantes de Puerto Rico. En 2024 di un paso más: apliqué al Basque Culinary Center. Después de varios intentos, conseguí el cupo para cursar el máster en Cocina, Técnica, Producto y Creatividad — y aprender de cerca de nombres como Andoni Luis Aduriz, Ferran Adrià y Michel Bras.
Acabo de terminar unas prácticas en Culler de Pau, en O Grove, Galicia — dos Estrellas Michelin, una Estrella Verde, tres Soles Repsol. Fue una experiencia que me amplió la mirada: hay infinitas formas de crear dentro de una cocina, pero lo que de verdad sostiene un proyecto es la calidad humana. Y esa es, quizás, la mejor virtud boricua.
Al final, la cocina es un lenguaje con el comensal: sabores, matices, textura. Un mundo infinito. Solo hay que dejar que la creatividad fluya — lo demás llega.
El semillero se vive una sola vez. La corteza, en cambio, se desprende una y otra vez, mientras el árbol vive — no es un evento, es una condición.
de ahí el estudio — nunca termina. de ahí lo sibarita — vale la pena saborearlo.
hubo una isla — y una decisión de irse para volver con más.
Hoy, la piel empieza a mudar de nuevo —
y no será la última vez que lo haga.







